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Aventuras y desventuras de Narrador© y Constructor© (I)

July 12, 2018

 

Tras las Guerras de la Primera Sangre, los humanos dejaron de ser la especie dominante en el planeta.

 

Milenios de supremacía se derrumbaron bajo el rodillo imparable de lo sobrenatural, quedaron aplastados bajo las botas de vampiros, licántropos, hadas, espectros… Los seres humanos, por primera vez en su historia, tuvieron que enfrentarse a la más cruel de las disyuntivas: someterse a un ejército enemigo o desaparecer en la sombra. Y con la sangre de los suyos coagulándose en los campos de batalla, con el número de bajas creciendo de forma exponencial no cada día sino cada hora, cada minuto, los gobiernos se avinieron a pactar.

 

La alianza de hadas y vampiros los acogió con la condescendencia de un padre protect…

 

«Pum. Pum pum pum».

 

…con la condescendencia de un…

 

«Pum pum pum pum pum. Fiiiiiiiiii».

 

…de un padre que…

 

«Chas. Crash. Pum».

 

—Perdone. —El tono, aunque cortés, denotaba una clara irritación—. Perdone, buen hombre —repitió, elevando la voz al ver que no recibía respuesta—. ¡Eh! —chilló por fin.

 

El hombre brincó, sobresaltado, y miró a su alrededor con todo el aspecto de estar buscando el origen de la voz que lo había apartado de su tarea. Llevó una de sus manos rechonchas hasta la visera y se rascó la frente con expresión confusa.

 

—¿Se puede saber qué está haciendo? —inquirió él.

 

—¿Quién habla? —preguntó a su vez el obrero.

 

—Soy El Narrador© —explicó con una pizca de arrogancia y un par de arrobas de orgullo—. Y me está molestando. ¿Se puede saber qué hace?

 

Worldbuilding —respondió con un encogimiento de hombros.

 

—¿Perdón? ¿Qué ha dicho?

 

El obrero suspiró y dejó caer el martillo con el aire resignado de quien sabe que se enfrenta a una larguísima explicación. Llevó la mano al bolsillo posterior de su mono azul y sacó un arrugado paquete de tabaco. Pocos segundos después, un ajado cigarro colgaba de la comisura de su boca y el aire se inundaba de humo grisáceo y nocivo.

 

Worldbuilding —repitió en tono paciente—. Ya sabe, construir mundos y todo eso. «Fantasy World. Mundos a su medida» —declamó—. Es el lema de mi empresa —apostilló, complacido—. Este mes tenemos una oferta: un mundo completo y un bestiario por el mismo precio.

 

—Pero… Pero, pero, pero… —tartamudeó El Narrador©—. Eso no se hace así —acertó a decir por fin.

 

—¿Ah, no? —replicó el obrero con sorna. Como si ya hubiera perdido todo el interés en la conversación, agarró de nuevo el martillo y se dirigió hacia una frágil estructura de madera que parecía imitar, con más bien poco éxito, el diseño de un castillo medieval—. ¿Y entonces cómo se hace? ¿Eh? ¿Soltando todos los datos del mundo en el primer capítulo y a ver si el lector los pilla? ¿Eh, listillo? «Los seres humanos tuvieron que enfrentarse a la más cruel de las disyuntivas. La alianza de hadas y vampiros blablablá» —citó, burlón—. Muy profesional todo, sí…

 

—Se llama «introducción» —protestó, airado.

 

Si llimi intridicciín —remedó—. No tienes ni puta idea de técnica literaria, chaval.

 

—¿Cómo que no? —se indignó—. Hice un cursillo online gratuito y me he leído de pe a pa toda la Guía Definitiva Para La Creación De Mundos, de Un Escritor de Fantasía. ¡Dos veces!

 

—Vaya —replicó el obrero, alargando la primera a hasta que resonó como un eco en las desnudas paredes del… mundo, reconoció a regañadientes—. Eres todo un profesional, ¿eh? Y, dime, ¿piensas seguir narrando tú cuando acabes con la «introducción»?

 

—Bueno, claro. —Carraspeó, incómodo, mientras su cerebro se lanzaba a tumba abierta intentando recordar lo que había aprendido sobre narradores en el capítulo cuatro de la Guía—. Soy El Narrador©.

 

—Ajá… —aceptó el obrero, mirándolo con una expresión sarcástica que no solo rayaba en lo insultante, sino que pintaba la palabra de colorines y la agitaba como una bandera—. ¿Y vas a ser omnisciente? —preguntó con una amabilidad más falsa que un pecado mortal y dos o tres veniales.

 

—Bueno… —¿Omnisciente? ¿Qué era eso? No, iba a narrar con una… eh… voz subjetiva… de… eh… novela río y… ¿Cómo era? Con… focos y… ¿bombillas?

 

—Eso me parecía —comentó el hombre con aire compasivo—. No tienes ni puta idea, ¿no?

 

—¡Sí la tengo! —Rebuscó con desesperación hasta hallar algo en sus archivos mentales que pudiera servirle—. ¡Seré un narrador subjetivo en tercera persona! —exclamó, con el tono de satisfacción de quien sabe que tiene una mano ganadora.

 

—Oh, qué bien —se regodeó el tipo del mono azul—. ¿Y cómo vas a explicar esta «introducción» como omnisciente? No, espera, no me lo digas —interrumpió antes de que él pudiera abrir la boca—. Está fuera del plano argumental, ¿a que sí? Y, claro, eso te permite soltar todo tu rollo sobre el mundo, que el lector se lo coma con patatas fritas, que piense que eres genial y que su incredulidad quede suspendida a un kilómetro sobre el suelo.

 

—Bueno, yo… —balbuceó, intentando encontrar la traducción simultánea de la cháchara del hombre—. Sí, eso. Quiero decir, yo…

 

El obrero sacudió la cabeza con expresión triste.

 

—Mira, chaval, te entiendo —dijo al fin, comprensivo—. Yo era como tú, ¿sabes? Tenía un ordenador, un montón de historias en mi cabeza y creía que lo sabía todo. ¡Tenía un sueño! —Con aire derrotado se dirigió hacia la estructura en la que había estado trabajando y pasó la mano por una de los endebles pilares de madera que la sostenían—. Cuando recibí mi primera crítica, mala, claro, me puse hecho una fiera. ¡Cómo se atrevían a meterse con Mi Arte! —El Narrador© pudo escuchar con claridad las mayúsculas que adornaban esas dos últimas palabras, elevándolas por encima del resto de la frase, como si las hubiera presentado con una corona y un cetro. Visto lo visto, de latón—. Al final tuve que reconocer que no sabía una mierda. No sería capaz de distinguir una escena de un capítulo o un punto de giro de un detonante… ni aunque me detonara en la jeta. —Se rio entre dientes de su propio chiste. Algo que a él lo hizo sentir muy incómodo, porque tampoco tenía ni idea de lo que eran esas cosas—. Así que decidí dedicarme a la tramoya, ¿sabes? Mundos perfectos a un precio asequible, eso digo siempre.

 

—Pero… el estilo, la prosa, ¡los recursos narrativos! —protestó.

 

—Chorradas —replicó el hombre. Con un nuevo suspiro de resignación sacó un termo de una mochila verde lima con el dibujo infantil de un dragón demasiado alegre. Tras verter parte de su contenido en un vaso de papel se lo tendió con una sonrisa. Él aceptó, demasiado confuso para negarse—. Mira, lo que necesitas es un buen martillo, una sierra y muchos, muchos metros de papel charol de colores, ¿entiendes?

 

—No —reconoció, apesadumbrado—. Un mundo no se crea así. Un mundo se crea… Quiero decir, el worldbuilding… —Se detuvo unos segundos para poner en orden sus pensamientos, porque no tenía muy claro cómo defender sus argumentos—. A ver, el lector y el autor establecen un pacto narrativo que…

 

—Oh, el pacto, sí. —La mano del obrero volvió a desaparecer en las profundidades de su mochila y pocos segundos después reapareció sosteniendo un papel arrugado y quemado por los bordes que tendió hacia él con gesto orgulloso.

 

El Narrador© contempló el papel debatiéndose entre la estupefacción y la fascinación. En lo que parecía una imitación cutre de un pergamino, alguien había trazado con letras vacilantes y floridas un encabezado y varios puntos:

 

Bases del pacto narrativo

 

Fantasy World, (en adelante EL NARRADOR), EL AUTOR, y EL LECTOR establecen por el presente documento las bases del

 

PACTO NARRATIVO

  1. EL NARRADOR se compromete a la creación de un mundo con todos los elementos necesarios para que los personajes desarrollen LA HISTORIA. En su versión más básica, EL MUNDO contendrá como mínimo 4 (CUATRO) estructuras en madera y papel charol de primera calidad a modo de masas continentales; 2 (DOS) masas de agua salada a modo de océanos; 12 (DOCE) masas de agua dulce a modo de ríos con sus correspondientes afluentes; 1 (UNA) estructura elevada en dos colores intercambiables (AZUL CON ESFERA AMARILLA y NEGRO CON PUNTITOS) a modo de cúpula celestial; el kit completo de Edificios Significativos, que en esta versión básica no incluirá: Ciudadelas de Gran Tamaño, Grandes Edificios Religiosos ni Sedes de Gobierno de más de 1.200m2 (MIL DOSCIENTOS METROS CUADRADOS); kit de iniciación de Razas y Bestias, que incluirá al menos una Especie Pequeña Y Simpática y Una Temible Con Colmillos; kit de iniciación a la Economía Mundial, con al menos tres tipos de monedas en latón, a elegir entre las variedades básicas; kit de iniciación a la Gastronomía Mundial, con el Libro de Recetas de Supervivencia y la Guía de Frutas, Verduras y Animales Comestibles; kit de Mapas Variados de cada uno de los Continentes, con al menos 25 (VEINTICINCO) Nombres Originales.

  2. Los extras se abonarán aparte, y podrán incluir cualquiera de los elementos de la versión Avanzada y la versión DeLuxe: kit de Sacerdotes, Dioses y Héroes; kit de Historia y Hechos Relevantes; kit Avanzado de Profecías y Augurios Diversos; kit de Armas Mágicas de Creación Propia; kit Profesional de Sistemas de Magia; kit de Canciones Épicas que Rimen. Esta enumeración pretende ser orientativa y no exhaustiva y cualquier modificación o extra podrá negociarse con EL AUTOR para conseguir todos los elementos precisos que ayuden a desarrollar cada HISTORIA.

  3. A cambio, EL LECTOR se compromete a suspender su incredulidad a no menos de 3 (TRES) metros sobre el suelo en una estructura lo bastante firme como para que soporte la Lectura Completa de LA OBRA y a abonar el precio de la misma.

  4. El LECTOR no podrá abandonar el pacto a no ser que EL NARRADOR incumpla las condiciones establecidas en los apartados UNO y DOS del presente PACTO NARRATIVO o EL AUTOR haga un mal uso de los mismos. EL NARRADOR está obligado a entregar el mundo tal y como se especifica en dichos apartados y en los ANEXOS con los extras.

Y para que así conste, AUTOR, NARRADOR y LECTOR firman la presente En………….. a……. de………. de 2……

 

EL AUTOR                               EL NARRADOR                                               EL LECTOR

 

 

 

—Esto es… —balbuceó El Narrador©, confuso—. Esto… Pero esto no se hace así. Quiero decir, yo voy contando cómo es el mundo y el lector…

 

—Ya, ya, ya —lo interrumpió el obrero con gesto impaciente—. Si yo pensaba lo mismo. Pero nada, no había manera de que la gente lo entendiera, y perdía muchísimo tiempo con discusiones tontas sobre si había que diseñar cada aspecto, si había que mostrarlo todo, que si la teoría del iceberg, que si los datos relevantes, que si… Así todo está clarito. Y, chico, la historia se cuenta sola. Tú pones a los personajes en esta maravilla —dio unas palmaditas cariñosas a la estructura que tenía junto a él— y enseguida se ponen a hacer cosas.

 

—Hacer cosas —repitió, estupefacto.

 

—Sí. Y pasan cosas, ¿sabes?

 

—Pasan cosas.

 

—Exacto. Bueno, chaval, ¿qué me dices? ¿Me ayudas con esto? —dijo, pasándole una sierra circular que él aceptó, demasiado confundido como para negarse—. Se me está acumulando el trabajo y necesito un becario. Y tú pareces un buen tipo.

 

—Pero yo no… —balbuceó.

 

—Vamos, vamos. ¿No quieres crear un mundo? —Lanzó el cigarro a un pequeño charco que, mucho se temía, debía ser una de las Masas de Agua Salada a Modo de Océanos y lo miró con una enorme sonrisa expectante—. Pues esta es la manera. ¡Manos a la obra! Tú ponte con esto que yo me dedico a las Razas. Son muy delicadas, ¿sabes? Como te despistes un poco, tienes una criatura con ardores de estómago y que se pasa el día matando a todo el elenco. Eso pasa por dejarlas demasiado tiempo en el horno.

 

—¿Y si las dejas demasiado poco? —preguntó, incapaz de resistirse a la lógica enloquecida del… ¿constructor de mundos?

 

El susodicho constructor lo miró como si fuera demasiado tonto para entender hasta los conceptos más básicos.

 

—Pues entonces quedan poco hechas, ¿no es evidente? —replicó.

 

—Claro… —musitó, sintiendo unas terribles ganas de ponerse a llorar.

 

El hombre lo contempló durante unos larguísimos segundos. Bueno, de hecho, los segundos eran igual de largos que cualquier otro segundo, pero a él se le hicieron larguísimos. Por fin, dejó escapar un hondo suspiro y apoyó una mano callosa sobre su hombro.

 

—Mira, te diré lo que vamos a hacer —dijo en tono alegre—. Tú termíname ese castillito y yo te dejo que añadas algo chulo a la trama, ¿qué te parece?

 

—Ah, hay trama —se animó. Por fin encontraba un concepto familiar en toda esa maraña surrealista en la que se había visto envuelto desde que había escuchado el primer martillazo.

 

—Claro —sonrió el obrero, orgulloso—. Está ahí.

 

Se volvió hacia donde señalaba su mano extendida y vio un telar de grandes dimensiones, en el que había colocada una pieza a medio hacer, diseñada en cuatro colores. Y como ya empezaba, para su desgracia, a entender la lógica de todo el asunto, antes de poder detenerse a sí mismo, se vio abriendo la boca para hacer una pregunta que, con toda seguridad, acabaría con la poca cordura que le quedaba.

 

—No me digas más —murmuró, resignado—. Uno de los colores representa al narrador, otro a la ambientación, otro al tiempo y otro a los personajes.

 

El obrero sonrió ampliamente.

 

—¿Ves como ya lo vas pillando, chaval? —Él se acercó flotando en una nube de irrealidad hasta el telar y sus ojos cayeron sobre un hilo de brillante color verde oliva, que acarició con aire reverente—. Ese es el tiempo —aclaró el constructor—. Cuidado, es muy delicado. A la que te descuidas se rompe, y ya tienes montada una elipsis. O una analepsis. Las odio, a las muy cabronas. Se pasan la vida yendo hacia atrás, como los cangrejos.

 

—¿Y si lo hacemos viajar? —preguntó. Y aunque no había ningún espejo, o todavía no se habían construido, no tuvo ninguna duda de que su rostro mostraba una sonrisa estática e inmensa, llena de dientes y con la palabra «locura» escrita en cada recoveco.

 

—Oh, un travel time —sonrió—. Me gusta cómo piensas. Sí, sí, me gusta mucho. —Dio un par de golpecitos suaves con el martillo sobre su muslo y miró hacia él con la sonrisa que se le dedicaría a un cachorro torpe pero prometedor—. Pero ahora no tenemos tiempo para eso. El Autor está a punto de llegar y tengo que sacar a los personajes principales del horno, dejarlos en el Valle Insondable de Infinitos Peligros y ver si se ponen a hacer lo que él tenía pensado.

 

Narrador© solo pudo parpadear a modo de respuesta. Un par de veces. Bastante rápido. Hacía ya tiempo que tenía la idea remota, lejana, incómoda de que no sabía tanto de técnica literaria como debería, pero tras leerse La Guía y Escribe tu primera novela en cinco días, creía haber adquirido al menos las bases para empezar una narración en condiciones. Y ahora venía este tipo y tiraba por tierra todos sus conocimientos. Y, sin embargo, parecía saber lo que hacía. O, al menos, se movía por su decorado de madera de pino y papel charol con una seguridad que él tardaría años en conseguir, y los Dioses de la Narrativa con Mayúsculas sabían bien lo mucho que necesitaba un poquito de seguridad. Así que decidió lanzarse a la piscina (o a una de las Masas de Agua a Modo de Océanos) y, tras una honda inspiración, miró hacia el obrero.

 

—¿Puedo ayudar?

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