Featured Posts

Cómo usar el saco de comas que tenéis escondido

July 30, 2018

 

Si me dieran un euro por cada vez que escucho una variante de la frase «Yo lo de la ortografía lo llevo bien, pero las comas…», ahora mismo no estaría aquí (o sí, porque tengo una vena masoquista terrible), estaría en algún país frío y con buen nivel de vida, frente a una chimenea y degustando un delicioso chocolate calentito (la parte no autorizada para menores de este sueño incluye a Michael Fassbender, una alfombra y varios elementos más que no pienso comentar con vosotros, y no depende para nada de que me paguen por cada vez que escucho ciertas frases).

 

El caso es que a veces tengo la sensación de que hay gente que escribe y, cuando termina, mete la mano en un saco de comas que guarda en un cajón del escritorio y las siembra aleatoriamente por el texto. Lo que resulta de esa acción es un batiburrillo incomprensible que mi cerebro de correctora consigue descifrar a duras penas, con mucha paciencia y tres veces la dosis mínima de chocolate recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

 

Hace tiempo que me propuse partir del artículo de la RAE sobre el uso de la coma y transcribirlo a un lenguaje mundano que no os obligue a sacaros un máster en criptología, porque tengo claro que poca gente se ha molestado en leerlo y me da a mí que se debe a que es un poco coñazo y demasiado técnico para almas (poco) sensibles.

 

¿Por qué me planteo meterme en estos charcos? Ni idea, supongo que será por esa vena masoquista que os comentaba y que intenta compensar mi imagen de dominatrix literaria con cuquimotosierra. Es el celtismo: esto de intentar no ir ni a un extremo ni a otro me deja plantada a veces en tonos grises muy incómodos.

 

El caso es que, como os decía, me lo propuse hace mucho tiempo y nunca lo he hecho, más que nada porque los ínclitos académicos dedican nueve páginas de Word (en Times New Roman, tamaño 13,5) a tratar el tema, y me da una pereza espantosa. Además, ese artículo enlaza con otros (la raya, los paréntesis, el punto y coma, los dos puntos, el punto, los puntos suspensivos…) y si a eso le sumamos mi incontinencia verbal, cualquier entrada podría convertirse en una enciclopedia de siete tomos.

 

Y no estoy por la labor.

 

Porque tanto vosotros como yo sabemos que no lo vais a leer entero.

 

Que nos conocemos.

 

Después de darle muchas vueltas (tres, más o menos, según el lenguaje troll: uno, dos, muchos), he decidido que voy a escoger algunas de las comas en las que más se mete la pata y ver qué pasa. Y, si eso, otro día más. O no.

 

Vocativos, o ¿estáis seguros de que queréis comer niños?

 

Pobres comitas de vocativo, en grave peligro de extinción. Ellas nunca lo harían. Os juro que cada vez que falta una de estas comas quiero entonar una canción fúnebre (no lo hago porque desafino como un elefante en celo) y llorar fuertecito por la calidad del sistema educativo.

 

A ver si lo puedo explicar sencillito: un vocativo es una llamada, una forma de apelar al interlocutor. Al interlocutor, no al sujeto, cachorritos, que sujeto y verbo nunca van separados por comas y ya me lo he encontrado más de una vez (no solo en esos sujetos de setenta y seis palabras que os curráis a veces) y me lo han justificado con un «a mí me lo enseñaron así» que me dejó con las patas colgando un buen rato, hasta que comprendí que habían intentado enseñarle lo que era un vocativo. Y fracasado, obviamente.

 

Si no ponéis la coma, podéis convertir la frase en una imperativa y convertiros en los jefes de una tribu de caníbales sin quererlo (si queréis, ya no me meto), porque no es lo mismo «Comed, niños» que «Comed niños». También podéis provocarle a alguien un conflicto con su identidad de género: «Es un hombre señora».

 

Otra cosa: las comas de vocativo no dependen de que la frase sea cortita, conste, y digo esto porque mucha gente que usa bien la mayoría de estas comas, se las salta con el «Sí, señor». Que sí, que es cortito y lo dices sin pausa, que todos hemos visto pelis bélicas (señorsíseñor), pero a la gramática le importa tres pimientos. Ahí hay una coma y no hay más que decir.

 

Así, como recurso facilito, cada vez que saludéis, os despidáis, deseéis suerte o lo que sea, poned coma entre el verbo y el nombre/apodo/apelativo cariñoso que estéis utilizando: «Hola, Encarnación María Begoña», «Suerte, mi capullito de rosa plantado al amanecer», «Adiós, Terminator».

 

Recordad, cuando os dirigís a alguien (o cuando lo hacen vuestros personajes, que no están libres de seguir las reglas gramaticales), acordaos de separar su nombre de la pobre, pobre comita de vocativo. Ella nunca lo haría.

 

Las explicativas. ¿Me lo dices o me lo cuentas?

 

Pierdo mucho tiempo preguntando si la intención del autor era explicar o especificar. Que no es lo mismo. Y no, no todas las frases de siete kilómetros se arreglan convirtiendo las subordinadas en explicativas. Ni de broma, porque cambia el sentido. Las explicativas van entre comas. Las especificativas, no.

 

No es lo mismo «Los escritores que saben usar las comas…» que «Los escritores, que saben usar las comas…». En la primera frase, especificativa, diferenciamos a algunos escritores (los que saben usar las comas) del resto del conjunto. La segunda es explicativa (y la expresión de un sueño imposible). Las dos son correctas, pero dan a entender algo distinto. Pensad bien lo que queréis decir cuando usáis las comas en estas frases. ¿Estáis diferenciando a una persona (o lo que sea) del resto, o solo estáis dando más información?

 

Tu profesora de primaria no lo sabía todo.

 

Otro día os hablo de las disyuntivas, las distributivas, las adversativas, las consecutivas, las oraciones de enunciación, las copulativas intensivas (¿a que suena porno?), o cualquiera de los otros chorrocientos puntos que explica la RAE (también podéis leeros el artículo y preguntar si tenéis dudas, que va a ser más fácil. Al menos, para mí), pero antes quiero aclarar algo que ya he discutido algo así como doce millones de veces: antes de las conjunciones copulativas sí puede ir coma. Da igual lo que os dijera vuestra profesora de primaria (o como se llame ahora). Puede ir y no hay discusión posible (aunque sí la hay, que me lo sé).

 

—Para empezar, la más evidente: cuando hacéis una enumeración de elementos complejos, estos no se separan por comas, sino por puntos y coma, y ahí, delante de la conjunción que introduce el último elemento, va una coma:

 

«María Eugenia de los Dolores se arregló el pelo con el secador, carísimo, hasta que estuvo divino de la muerte; se puso su mejor vestido, un Chanel que compró por Aliexpress, y salió a la calle».

 

—Otro caso y os cito a la RAE:

 

2.2. Se escribe coma delante de estas conjunciones cuando la secuencia que encabezan enlaza con todo el predicado anterior, y no con el último de sus miembros coordinados.

 

Creo que todo esto se ve mejor con un ejemplo:

 

«Dibujó el pentáculo, colocó el cuchillo y las siete vírgenes, e inició el ritual».

 

«No sé si cortarme las venas, a lo largo o en asterisco, o dejármelas largas».

 

¿Os dais cuenta? Dibuja el pentáculo (hace varias cosas) e inicia el ritual. Esas varias cosas que hace, están relacionadas con los preparativos, enlazan con la primera exposición, el dibujo del pentáculo. Después de esos preparativos, se inicia el ritual.

 

Se corta las venas, de un modo u otro, o se las deja largas. Las opciones no hacen referencia a dejarlas largas, sino a cortárselas, no tienen relación con la última frase.

 

—Cuando el elemento final de una enumeración es, en realidad, una conclusión o una consecuencia:

 

«Dibujó el pentáculo, cogió el cuchillo, apuñaló a las doce vírgenes, y el diablo apareció y le pegó una patada en el culo por molestarlo».

 

—Cuando la conjunción «y» equivale a «pero» (porque, sí, las adversativas llevan coma, pero ahora paso de explicarlo).

 

«Le dije que necesitaba lágrimas de dragón, y usó sangre de unicornio».

 

—Y ya acabo, lo prometo, solo una más. Cuando os ponéis intensos, usáis coordinadas largas y tienen sujetos distintos.

 

«El brujo preguntó quién quería presentarse como voluntario para un ritual apenas sangriento, y los fieles se pusieron a silbar con disimulo».

 

Esta coma no es obligatoria, conste, pero como sois unos intensos, no viene mal que le deis un respiro al lector de vez en cuando. Por esto de evitar la cianosis y tal.

 

Otro día os cuento más (si estoy de humor), que aún me quedan setecientos puntos y medio, y ni siquiera os he hablado de las comas que no podéis usar bajo ningún concepto. Y que usáis.

 

Y, me, voy, porque, necesito, café.

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

La peor mamarrasha del mundo

March 12, 2019

1/6
Please reload

Recent Posts

January 7, 2019

November 26, 2018

Please reload

Search By Tags
Please reload

Follow Us
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Google+ Social Icon
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now