Featured Posts

Errores comunes que cometéis. Que sí, fijo, que alguno sí

November 5, 2018

 

A veces la gente se interesa por mi trabajo. No solo los que tienen pensado contratar a un corrector (con suerte, a mí), también gente que le dices a lo que te dedicas y empieza a hacerte preguntas no solo por educación, sino porque da la sensación de que les parece curioso y quieren saber más.

 

Esas preguntas son de todo tipo y algunas, a estas alturas de la película, que ya soy como Roy Blatty y he visto cosas que no creeríais, divierten por su inocencia. En general, todas las que hacen referencia a que el autor debería saber escribir correctamente. Cuando alguien me dice eso, se va de cabeza a las filas de «los que no escriben», cada vez más mermadas (y a veces a las de «los que no leen», cada vez más nutridas). ¿Por qué? Pues porque todos los que conocemos este mundillo y sus entresijos ya sabemos que existe la figura del corrector y ya hemos visto cómo la gente que escribe le pega unas puñaladas al idioma en las redes sociales que da pena verlas. O nos hemos encontrado con libros que  no han visto una corrección ni en la sinopsis (verídico. Recientemente encontré una sinopsis con tres errores. En un libro publicado por editorial, no en una autopublicación casera) y maldecimos fuertecito.

 

Además, los que estamos metidos hasta la glotis en esto sabemos de sobra que los dedazos existen y solo aparecen cuando el libro ya ha salido de imprenta (razón por la cual jamás vuelvo a leer mis novelas una vez publicadas), y que por muy buena que sea la ortografía de un autor, siempre mete la gamba en algo. Lo he dicho muchas veces: yo me dedico a esto y jamás permitiría que uno de mis trabajos viera la luz sin pasar por otros ojos. Ojos profesionales. Porque sí, porque el cerebro es un cabrón sin alma y lee lo que quiere leer, no lo que está escrito. Porque nadie lo sabe todo (no, yo tampoco, maldita sea), porque todos tenemos vicios que no vemos hasta que otro nos los señala… Por mil millones de razones.

 

Pero no he venido a hablaros de la necesidad de que alguien corrija vuestros textos y solo estoy dispersándome, como de costumbre. Pero no tanto, porque lo que me ha traído hasta el teclado ha sido una de esas preguntas recurrentes: «¿Hay un fallo que cometa todo el mundo?».

 

Como buena gallega, la respuesta va a ser sí y no. No hay un fallo que cometa todo el mundo, pero si hay algunos que cometen la mayoría y que ya voy buscando porque sé que las probabilidades de que estén son muy altas. El caso es que cuando me propuse escribir sobre esto pensé en hacer una relación de «categorías», pero lo gracioso del tema es que todas esas faltas comunes vienen de lo mismo: el corrector de Word es idiota.

 

Para ser justos con el trasto, reconozco que con los años ha ido refinándose, pero aun así sigue siendo idiota. Y es que nuestro idioma tiene una serie de bestias negras salidas de los más insondables de los abismos ortográficos para las inteligencias artificiales, para los extranjeros que intentan aprenderlo (Rhodes, te adoro, en serio) y para muchos nativos: las palabras homófonas, las tritónicas (que viene siendo lo mismo, pero peor) y aquellas que no quieren decir lo mismo si van juntas o separadas.

 

Y Word distingue tres. A mucho tirar.

 

Y, claro, como el autocorrector, del que dependemos mucho más de lo que deberíamos, pasa por alto la mayoría de ellas, nos toca a los correctores ir con mil ojos para encontrarlas (que sí, que se escapan, que lo sé. ¡Soy casi humana, leches!).

 

Palabras homófonas

 

Lo estudiasteis en el colegio, pero os lo recuerdo: suenan igual, pero se escriben diferente.

 

Todos recordamos el mítico «vaca», bicho con cuernos que hace «mu» —y no «mí». Una pena (y los que no entendéis esta referencia, aprovechad para descubrir a los Monty Pyton)— y «baca», cosa que se pone en el techo del coche para poner todo lo que no os cabe en el maletero cuando (os odio) os vais de vacaciones o (os compadezco) de mudanza. Pero hay muchas más.

 

*Acervo y acerbo. La primera es un conjunto de cosas. La otra significa «áspero».

 

«—María de las Mercedes Antonia —dijo el adicto al cardamomo—, ¿por qué esta terrible adicción? ¿Por qué a mí?

—No pretendo ser acerba, querido, pero creo que es algo en tu acervo genético».

 

*Gravar y grabar. La primera es imponer un gravamen. La segunda es lo que hacéis cuando no vais a estar en casa para el episodio final de vuestra serie favorita.

 

«—Esa acusación es grave —sentenció el capitán de la flota intergaláctica—. ¿Y dicen que tienen pruebas grabadas?».

 

*Ah, a, ha. Mirad, ni os voy a decir lo que significan. Pero de verdad que me tiene hasta el conco ver la interjección «ah» escrita de la forma más variopinta. A ver: ah. Una a y una hache. En ese orden. Y ya. «A» es una preposición y «ha» viene del verbo «haber». Os daré un truco tonto para estas dos últimas: si «a» va antes de un infinitivo, va a ser sin hache. Si va con un participio, con hache:

 

«—Ah, María de las Mercedes Antonia, ¿qué vamos a hacer? ¡Esto nos ha arruinado!».

 

*Girón y jirón. Un clásico. No son palabras comunes, pero el noventa por ciento de las veces que un autor las usa, las confunde. Para hablar de una tela desgarrada (por ejemplo) la palabra es «jirones». Por algún motivo, Word admite «girones», vaya usted a saber por qué, porque no está en el diccionario. Lo más aproximado es «gironés», pero no sé yo cómo se tomarán los naturales de Gerona que digáis que son cachos rasgados de algo. Y no pongo ejemplo porque me resisto a usar palabras que no están en el diccionario.

 

*Puya y pulla. Cuando vuestros personajes cruzan agudezas, la palabra para esas expresiones rápidas e ingeniosas es «pulla». Una «puya» es un objeto con punta afilada, ya sabéis: esas cosas que se les clavan a las reses (sádicos. Sí, soy antitaurina. Y a quien no le guste que se aguante).

 

«—Esa pulla me ha sentado como si me clavaran una puya en el corazón».

 

*Echó y hecho. Esta me hace doler los ojos, que lo sepáis. Una es de «echar», otra de «hacer». Y os odio cuando las confundís. No lo toméis como algo personal, soy muy de odiar.

 

«—¡Es que te echaba tanto de menos! —lloriqueó, y cayó (cayó, no calló, listillos) al suelo hecho un ovillo».

 

*Libido y lívido. A ver, que puede ser que la excitación sexual os ponga moraditos (o pálidos, que también se admite), que no digo yo que no, pero que me da a mí que no queríais decir eso:

 

«—¿Por qué me has engañado, María de las Mercedes, por qué? ¡Yo te amaba! —exclamó el adicto al cardamomo. Las manchas lívidas bajo sus ojos eran el mudo testigo de sus horas de insomnio.

—Lo siento, querido, me dejé llevar por la libido».

 

Hay muchísimas más, conste («basto/vasto», «hallo/hayo»…), pero ya os vais haciendo una idea, ¿no?

 

Palabras tritónicas

 

Qué cabronas, las tías. Una misma palabra, tres sitios distintos donde poner la tilde, tres significados. Y aquí se junta con otro problema muy típico, que es que Word entiende a duras penas las esdrújulas, así que os va a marcar las justitas. Ojo cuando reviséis el texto: fijaos en todas las esdrújulas, porque os garantizo que se os ha escapado la tilde en alguna. Siempre. Es el error más común con diferencia. Si me dieran un euro por cada vez que he visto a gente retozando en las sabanas o hablando de ejercitarse en lugar de referirse a un ejército, tendría… eh… bastantes euros.

 

Os dejo unas poquitas:

 

Adúltero, adultero, adulteró. Júbilo, jubilo, jubiló. Ánimo, animo, animó. Círculo, circulo, circuló. Hábito, habito, habitó. Cálculo, calculo, calculó. Coágulo, coagulo, coaguló. Tránsito, transito, transitó. Íntimo, intimo, intimó. Depósito, deposito, depositó. Diagnóstico, diagnostico, diagnosticó. Equívoco, equivoco, equivocó. Específico, especifico, especificó…

 

Y suma y sigue.

 

¿Junto o separado?

 

Ay, qué típico. Hay un montón de palabras que si las pones juntitas significan una cosa y si las separáis son algo muy distinto. A ver cuántas distinguís en este párrafo:

 

«María de las Mercedes Antonia se puso su sobretodo y pensó que, sobre todo, no podía permitir que su amante se enfrentara a un entorno hostil, donde todos sus admiradores se situaran en torno a él y lo agobiaran con halagos sobre su obra. Desde que se había decidido a escribir su opera prima, Memorias de un adicto al cardamomo, a bordo de su nave espacial, lo habían abordado las preocupaciones. Por supuesto, muchas de ellas venían por su puesto mil setecientos ochenta y cuatro en la lista de los más vendidos de Amazon. Apenas él lo había visto, ella se había enfrentado a penas, dolores y lamentos insoportables.

 

María de las Mercedes Antonia estaba convencida de que tampoco merecía la pena preocuparse por tan poco, pero él no parecía entenderlo.

 

—No quiero ir —protestó, el pobre—. Aparte de que no me apetece, tengo miedo de conocer a parte de los que me odian».

 

Por si no las habéis pillado todas: sobretodo/sobre todo, entorno/en torno, a bordo/abordo, por supuesto/por supuesto, a penas/apenas, tampoco/tan poco, aparte/a parte.

 

Luego están las que escribís mal y punto:  

 

«No dar abasto» (que es junto. Sí, junto).

«O sea» (¡Separado!).

«De repente» (¿Derrepente? ¿En serio?).

 

Porque/por qué/por que/porqué

 

Esto merece una mención aparte, porque os volvéis locos. A ver, que no es tan difícil.

 

¿Interrogativo? Separado y con tilde. ¿Causal? Porque, junto y sin tilde. ¿Junto y  con tilde? Solo cuando lleva artículo (el porqué, un porqué). ¿Se puede cambiar por «por lo cual»? Pues es por que.

 

Ahora, ojocuidao, que es fácil, pero tenéis que tenerlo muy claro, porque Word os va a cambiar alguno de estos porque, sí, exacto, es idiota.

 

«—¿Por qué no vendo más libros, María Antonia? ¿Cuál es la razón de esta desgracia?

 

—No sé, querido, ¿porque el community manager de tu editorial te aborrece y pasa de tu culo? ¿Porque no tiene ni idea de cómo hacer su trabajo y le resulta más fácil promocionar a sus amigos y a sí mismo? No sé por qué, pero ese no puede ser un crimen por que deba juzgárselo.

 

—¿Porque es idiota?

 

—Ese es un gran porqué —sonrió María de las Mercedes Antonia—. Y también puede ser porque tú no tienes ni idea de mercadotecnia y cometimos el error de dejarlo en sus manos. Hay tantos porqués —suspiró—. Pero da igual, porque nos queremos y esto, en el fondo, tiene su gracia.

 

—¿La tiene? —preguntó el adicto al cardamomo, esperanzado.

 

—Sí, porque los que pierden dinero son ellos. Tú y yo ya no lo teníamos, solo hicimos esto porque queríamos financiar tu adicción».

 

Fijaos: cada vez que intenté escribir «porque» tras el signo de interrogación, el corrector me lo cambió a «por qué». Y no. No es lo mismo «Porque es idiota» que «Por qué es idiota». En la primera hacéis la simple y llana exposición de una verdad incuestionable. En la segunda os preguntáis el motivo de su idiotez (y seguro que tiene explicación, pero no es el caso). Y tened también en cuenta que las interrogativas indirectas van separadas y con tilde. No es lo mismo: «No sé por qué» que «no sé porque» (en esta última, a mí me pide una coma y un motivo «No sé, porque no tengo datos», por ejemplo).

 

Hay más errores comunes, conste. La puntuación en las rayas de diálogo; las comillas, las cursivas y la madre que parió a la cabra; laísmo, loísmo, leísmo y el sursum corda (homenaje a mi querida Conchi y a unos correos que hemos cruzado)… Pero ya he cubierto el expediente por hoy. Otro día os hablo de todos estos fallos y de por qué el cinismo, la ironía y el sentido del humor depravado (unidos al acervo genético gallego) son un auténtico superpoder para enfrentarse al mundo y sus chorradas. Y yo sé por qué (sí, separado y con tilde) lo digo.

 

A seguir bien.

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

La peor mamarrasha del mundo

March 12, 2019

1/6
Please reload

Recent Posts

January 7, 2019

November 26, 2018

Please reload

Search By Tags
Please reload

Follow Us
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Google+ Social Icon
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now