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¡Son rayas! ¡RA-YAS!

November 26, 2018

 

Después de mi semana «de vacaciones» (y las comillas son a propósito, porque no os podéis hacer una idea de la semanita que he tenido) vuelvo con la intención de retomar la rutina y alejar de una vez la resaca post-Hispacón (no, no voy a hacer una crónica. Sería más una ruta gastronómica y paso de que os pongáis a contar cuántas cervezas podemos meternos entre pecho y espalda mi doble hígado y yo). Y no veáis lo que me ha costado convencerme de que tenía que sentarme delante del teclado y pensar en una entrada porque, como ya os he dicho alguna vez, crear un hábito lleva tiempo, pero romperlo es cuestión de un segundo de pereza. Y a mí pereza me sobra, así que ya estaba elaborando un discurso en plan «mañana es tu cumpleaños», «por un día no pasa nada», «total, esta semana te toca escribir algo “técnico” y la gente prefiere el salseo, así que te van a leer pocos» (cómo os gusta verme mosqueada, en serio. Que me decís cosas como «Oh, aprendo mucho con tus entradas» y luego las visitas se disparan cuando no tengo nada que enseñar y solo uso el blog para desahogarme).

 

Así que me he bajado con mi portátil (nuevecito, regalo de cumpleaños, más bonito…) un domingo más y estoy esperando a que me traigan el café y comprobando que en las cafeterías no saben el peligro que corren cuando me ignoran y no me sirven mi droga nada más sentarme.

 

Como decíamos ayer (o hace quince días o un mes, o qué sé yo ya), hay una serie de errores que casi todo el mundo comete. Os hablé de esas palabras que Word confunde (porque es idiota, sí), pero dejé para un día como hoy, que tengo trabajo para aburrir y una pereza encima que no podría sacudirme ni que viniera Fassbender a unirse a mi segundo café matutino, algo tan, pero tan extendido que hace años que tengo un fichero que le paso a la gente a la que corrijo, a ver si, con suerte, no tengo que pelearme tanto si me vuelven a mandar trabajo: las dichosas rayas de diálogo.

 

Conozco gente con una ortografía prácticamente perfecta, pero que resbala en este tema como si paseara por aceite con suelas deslizantes. Y no es que me extrañe porque, primero, si quieres consultar el tema en el Panhispánico, pues te va a pasar lo que pasa siempre que acudes a la RAE: que no te enteras; y segundo, porque ni las propias editoriales parecen tenerlo claro, así que si te pones a fijarte en los libros, pues la llevas clara.

 

Y la verdad es que es bastante simple… Una vez que lo pillas.

 

Creo que con ejemplos será más fácil, así que, a ver si consigo explicar este tema de una vez y que se entienda. Allá vamos.

 

Para empezar, en castellano se usan rayas. Ni guiones, ni listas de Word (os odio), ni muchísimo menos comillas. Rayas. Esto, para entendernos (—) Esto no (-). Y esto ( _ ) ni en broma.

 

Vale, así que, cada vez que vayamos a poner un diálogo, pues para empezar, ponemos la raya. Y con la misma sangría que la que usáis cuando empezáis un párrafo. Que ya que hablo de esto: es sangría. San-grí-a. No son tabulaciones. No son espaciados. Os vais a configuración de página y activáis la casilla de «sangría de primera línea» y así yo no tengo que ir borrando como una loca. Que las tabulaciones las puedo borrar de golpe, pero los espaciados no. Y pierdo horas. Literalmente.

 

—Hola.

 

El texto va en mayúscula, claro, y pegado a la raya. Hasta aquí, facilísimo.

Sigamos. Los diálogos llevan acotaciones, que son las intervenciones del narrador. Si la intervención del narrador empieza con un dicendi, un verbo de habla, va en minúscula.

 

—Hola —dijo Juan.

 

Fijaos en la estructura: (raya) (diálogo) (espacio) (raya) (verbo de habla).

Todos los verbos de habla van en minúsculas tras la raya de cierre de diálogo. TODOS. Dijo, preguntó, contestó, explicó, repuso, repitió, gritó, masculló… Es probable que si escribís con Word, este se empeñe en poner el «preguntó» en mayúsculas tras la raya, vaya usted a saber por qué, pero no le hagáis ni puñetero caso. Ya hemos establecido que el corrector ortográfico de Word es, en el mejor de los casos, idiota.

 

Y, ya que estamos, sí, hay un millón de verbos de habla, pero, en serio, no hay ninguna  necesidad de usar «expuso» o «explicitó», cuando «dijo» sirve perfectamente. Y por si os preocupa que se repita mucho, que sepáis que los lectores pasan por alto ese verbo. Es casi como si no existiera. Ahora, probad a poner dos veces «explicitó», veréis qué risa…

 

Pero bueno, creo que está claro, ¿verdad? Verbo de habla, minúscula. Fácil.

Pues no. Porque hay verbos de habla que no lo son exactamente. Y aquí es donde empieza a complicarse la cosa. Un ejemplo:

 

—Hola —sonrió Juan.

 

Está claro que «sonrió» no es un verbo de habla… ¿O sí lo es? Pues puede serlo, cuando el sentido es «dijo sonriendo». Y lo mismo pasa con un montón de verbos más: reír, suspirar, llorar… Funcionan como verbos de habla, aunque no lo sean, por tanto van también en minúsculas.

 

Claro que también pueden funcionar con su propio significado y entonces van en mayúsculas, pero ya llegaré a eso, paciencia.

 

Vale. Hasta aquí creo que no debería haber problemas: si la intervención del narrador usa un verbo de habla, va en minúsculas y no hay ningún signo de puntuación antes de la raya de diálogo.

 

Pero, a veces, el narrador interviene para describir una acción. El diálogo se interrumpe y el narrador toma la palabra. Por ejemplo:

 

—Hola. —Se acercó y le estrechó la mano.

 

En este caso, hay un punto (vale, a veces no, pero por ahora quedaos con eso) después un espacio, la raya de diálogo y el narrador entra en mayúscula. Si el personaje vuelve a hablar después de la intervención del narrador, hay una raya de cierre.

 

—Hola. —Se acercó y le estrechó la mano—. ¿Cómo estás?

 

Fijaos que va un punto después de la raya de cierre. Estos signos, ya sean puntos, comas o dos puntos, siempre van después de la raya.

 

—Hola —dijo Juan—. ¿Cómo estás?

—Hola. —Juan se acercó, le estrechó la mano y dijo—: ¿Cómo estás?

—Hola —dijo Juan—, no te había visto.

 

La cosa se va complicando, pero creo que sigue siendo relativamente fácil. Demos un paso más. Lo que os comentaba de los verbos que a veces funcionan como verbos de habla y a veces no.

 

Si el personaje dice algo suspirando, pues eso:

 

—Hola —suspiró.

 

Pero si lo dice y después suspira:

 

—Hola. —Suspiró.

 

Y lo mismo para reír y demás. Si habla riéndose, minúsculas. Si habla y después se ríe, pues punto, espacio, raya y la intervención del narrador en mayúsculas.

No tiene más truco que eso: saber cuándo es un verbo de habla o cuando es una acción. Nada más. Si es verbo de habla, minúsculas y ninguna puntuación antes de la intervención del narrador. Si es verbo de acción, punto antes de la intervención y mayúsculas en ella. Y si el diálogo continúa, la puntuación final va siempre después de la raya. Listo.

 

Solo una excepción: pensad que las interrogaciones y las exclamaciones ya llevan punto, así que no hace falta ponerlo.

 

No es:

 

—¿Cómo dices?. —Se levantó indignado.

 

Es:

 

—¿Cómo dices? —Se levantó indignado.

 

Un último apunte: las rayas de diálogo también se usan para enmarcar los comentarios del transcriptor de una cita textual («No puede ser —comentó el director—, que sigamos así».) que, por cierto, en castellano van entre comillas. Los británicos piensan o citan en cursiva. Nosotros no. Nosotros usamos comillas. Y una cosa más sobre las comillas, ya que estamos: los hispanoparlantes usamos comillas angulares o latinas («»). Las inglesas (“”) las usan ellos, o nosotros cuando entrecomillamos dentro de una cita que ya va en comillas. Y las simples (‘’) pues calculad: cuando hay un entrecomillado dentro de un entrecomillado dentro de una cita que ya va en mayúsculas. Ya, ya sé, no se entiende un pijo, pero es más o menos así:

 

«Juan me dijo: “Hola, ¿has llevado el ‘cacharro’ al taller”?».

 

Y si os venís arriba y soltáis un discurso de cinco mil palabras en un diálogo, los distintos párrafos se empiezan con el signo de cierre de comillas (»). Algo así:

 

—Blabalabalablabalablabalablabalbalabalabalba —dijo el hombre que no paraba de explicitar—. Blabalablabalablabalablaba.

»Blablablabalbalabalbalablaba.

 

¿Qué? Tengo sueño y ningunas ganas de pensar un diálogo de doscientas líneas solo para que veáis un ejemplo. Y hay cuatro mesas en la terraza, he sido la primera en llegar, ya han servido a todos y yo sigo esperando por mi café. Entenderéis que en esa situación, y a punto de ponerme a matar gente, no me explaye más. Así que hasta aquí llegamos.

 

Ánimo, que la semana que viene me toca desahogarme. Procurad darme motivos estos días, así no tengo que pensar.

 

 

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