Featured Posts

Mi libro es maravilloso y punto

March 28, 2019

 

Ya estáis hartos de escucharme que tengo una edad y tal y cual y que, encima, nací cínica, de estas que huelen flores y buscan el ataúd, así que tengo una cierta tendencia a no sorprenderme por la estupidez humana y a mirar el mundo con una sonrisa torva.

 

Pero, maldita sea, a pesar de que ya hace años que para mí el mundillo literario está despojado de todo glamur y que ya pienso que nada me va a hacer siquiera parpadear, siempre llega alguien que consigue que me quede atónita, estupefacta, desconcertada, estática, confundida, cariacontecida y cualquier otro sinónimo que os venga a la cabeza (**Nota: haced lo que digo y no lo que hago. No uséis esta sobreadjetivación en casa sin la supervisión de un experto).

 

Sabéis cuál es mi postura ante las críticas, o deberíais saberla a estas alturas: si no aguantas el calor, sal de la cocina.

 

Por otro lado, la mayoría de las reseñas que veis por las redes no son «críticas» per se, sino opiniones personales que, como todo el mundo sabe, son como los culos: cada cual tiene el suyo. Por eso, poco o nada puede afectaros que vuestro protagonista le caiga mal a alguien, porque, oye, a mí también me cae fatal un montón de gente que otros encuentran maravillosa y aquí estamos. Meterte en berenjenales e insultar la inteligencia del lector (que, al fin y al cabo, es tu cliente) diciéndole que «no lo ha entendido» no es de recibo. Por pura educación, más que nada, que a mí me enseñaron que es preferible decir «no sé si me explico» que «no sé si me entiendes» (y si no veis el matiz, tenéis un problema), pero también porque es su opinión. Y no hay más que decir.

 

Es verdad que yo soy de las que creen que no todas las opiniones son respetables, pero creo que todos los argumentos sí (o, al menos, rebatibles). Por ello, si veis una argumentación sobre por qué el autor de la reseña cree que vuestra novela tiene un problema, dadle las gracias y hacedle caso. O no, porque vosotros podéis tener vuestros propios argumentos. Pero (y es un «pero» gigante) si alguien os dice que vuestro libro no tiene ni una puñetera coma en su sitio, casi que mejor pedís perdón.  Y cerráis la boca. Y punto.

 

Y si no sois capaces, no leáis críticas, que ya sé que os encanta que os engorden el ego, pero es que, insisto, la mayoría de las críticas que hay por la red son simples opiniones de lector a lector, y el autor ahí no tiene que meterse para nada. Repito: PARA NADA. He estado buscando al autor de esta maravillosa cita y no lo he encontrado, pero os la pongo, y si alguien lo localiza, que me lo diga, por favor: «Una crítica es una carta al lector que ningún autor debería leer».

 

Cuando alguien dedica su tiempo libre (porque es su tiempo libre, no su trabajo, en la gran mayoría de los casos) a compartir su opinión más o menos trabajada con otros lectores, lo último que deberíais hacer es situaros por encima del común de los mortales y responderle con aire de suficiencia para terminar cayendo en la grosería. Porque no os beneficia en nada. Y lo que es peor, no nos beneficia a ninguno de los autores españoles. Y ahí es donde ya me afecta en lo personal y donde ya me cabreo. Porque me pueden meter en el mismo saco de los que berreáis como cerdos en el matadero por un «No me ha gustado nada» y hasta ahí podíamos llegar.

 

Y todo esto viene a que alguien me mandó una opinión de Goodreads en la que la autora se rebajaba hasta límites insospechados. Os explico, para no dar nombres, no por la autora, que me importa un pimiento, sino por la chica, que si me lo ha contado por privado, por algo será. Veamos, la que opina, llamémosla María, dice que la novela está repleta de errores ortotipográficos y que en las primeras páginas ya hay varias comas entre el sujeto y el verbo y para ella eso es algo intolerable. Que lo lamenta, porque la historia podía ser entretenida, pero que la corrección es pésima y no hay una coma en su sitio.

 

Así. Sin insultos, sin opiniones discutibles, solo basándose en algo tan absolutamente objetivo como es la ortografía.

 

Bien. Entra la Autora. Y le pongo mayúsculas porque por el tono que usaba se presentían. Y le responde con un aire de sarcasmo y desprecio que a mí, que soy gallega y tengo el oído más que afinado para estas cosas, me dio ganas de empezar a repartir galletas. Con la mano abierta y eso, ya sabéis. Algo tipo: «Te agradezco mucho tu opinión profesional, que detalla el argumento, los personajes, la historia… Está claro que llevas años dedicada a esto y sabes muchísimo. Y mi libro ha pasado por un equipo de corrección profesional, así que lo comentaré con ellos para que me indiquen si estás equivocada». No es textual, pero aun así, para los que no tenéis el oído tan afinado como yo, la traducción literal es: «Mira, reina, no tienes ni puta idea y me has jodido poniéndome una estrella en lugar de las cinco que merece mi magna obra, así que cierra el pico, que no tienes ni idea y no hablas de lo bonita que es mi historia».

 

Aun así, María, que debe de tener una paciencia que ni el hombre este al que lo dejaron ciego las palomas, le responde con corrección y le dice que, si quiere, le señala por privado alguna de las erratas. Y la autora vuelve a la carga, pero ya más… evidente. «Ya no es el momento de hablarme por privado» (vamos, que te dan igual los errores), dice. «Las personas que de verdad quieren ayudar a los autores se dirigen primero a ellos por privado» (si no te conozco de nada...), dice. «Tienes que ser respetuosa y tener intención de ayudar» (¿dónde pone eso de querer ayudar en el manual del lector?), dice. Y mis favoritas: «Si hay errores, la culpa será del corrector» y «Deberías escribir y así tendrías más cuidado con lo que haces».

 

Vale, la discusión sigue, porque cuando los autores son así no saben cuándo envainársela y yo ya paso. Y es una discusión antigua, así que no voy a entrar al trapo en Goodreads, porque ya no merece la pena. Pero sí voy a contestar desde aquí:

 

Querida autora que estás en los altares: 

 

Yo sí escribo. Y, además, corrijo. Y, además, leo, de forma profesional y por placer, así que entenderás que tus argumentos de que debería escribir para poder hablar o que es culpa del corrector me los puedo pasar por el forro de mis ceñidos pantalones vaqueros.

 

Mi trabajo como escritora es, antes que nada, saber escribir. Y, sí, puedo cometer errores y, de hecho, los cometo, porque nadie es buen corrector de su propia obra. Pero puedo presentarte a las tres personas que, de momento, han corregido mis novelas y te pueden decir que en mis manuscritos no existen fallos como los que señala María. Porque es mi trabajo que no los haya. Y mi trabajo también es revisar las galeradas y asegurarme de que están bien, porque a mis queridas y estupendas correctoras (que las tres son magníficas profesionales) también se les pueden escapar cosas. Pero te invito a que leas cualquier cosa que yo haya publicado. Habrá erratas, fijo. Siempre las hay. Pero nadie puede decir de ellas que no se pueden leer por la cantidad de errores. Porque mi trabajo, aunque muchos autores no lo crean, es escribir correctamente. Y si alguien va a venir a citarme el ejemplo de García Márquez, que al parecer tiene una ortografía horrible, puede irse rapidito por donde ha venido, porque si os estáis comparando con él (que, además NO publica con faltas, aunque pueda escribir con ellas), estáis para que os encierren. Y tiren la llave.

 

En cuanto a lo de dirigirme a ti en privado, mira, no. Jamás comulgaré con eso de «Lo malo en privado, lo bueno en público». Por mil motivos.

 

Primero: porque no te conozco de nada. No voy a irrumpir en la vida privada de un desconocido para decirle que su libro es un desastre. Si tú lo haces en la mía, es probable que leas algo muy gallego que no te sonará desagradable, pero que te va a dejar con una incómoda sensación de picor en un lugar donde no alcanzas a rascarte y buscando el tren que te ha atropellado.

 

Segundo: tú has puesto tu libro en público, así que te expones a la crítica pública. Si tú contratas mis servicios como correctora o somos amigas y me pides mi opinión en privado, te hablaré en privado. Si me gasto mi (escaso) dinero en algo que tú has puesto al alcance de cualquiera y pretendes ganar pasta con ello, yo, como cliente, porque, insisto, es lo que soy, tengo todo el derecho del mundo a dar mi opinión también al alcance de todos.

 

Tercero: porque si solo decimos lo bueno, todo va a parecer bueno. Y lo siento, no todo lo es. Un libro con una corrección pésima no es bueno. Te pongas como te pongas. Y sí, es culpa tuya. Por no saber escribir. Porque tu corrector también tiene parte de culpa, que hay mucho «profesional» por el mundo adelante, pero la primera que tiene que saber escribir eres tú. Tus herramientas son las palabras. Si no sabes usarlas, no tienes derecho a llamarte escritora, y mucho menos a que cuando lo dices o lo escribes se perciban esas mayúsculas en plan plural mayestático (si no sabes lo que es, te recomiendo este enlace. A lo mejor has entrado alguna vez aunque fuera por casualidad y no miraras nada).

 

(Una nota sobre esto, que no es para la autora, pero me parece necesaria: respeto a aquellos de vosotros que solo reseñáis lo que os gusta. Me parece una opción más que aceptable y más que lógica con la que está cayendo, pero una cosa no quita la otra. Puedes criticar solo lo que te gusta o puedes criticarlo todo, pero no hacer un batiburrillo y decir solo lo bueno de un libro malo. Eso no ayuda a nadie).

 

Cuarto: porque así os retratáis. Porque cuando alguien escribe una mala crítica, entráis al trapo como los malos profesionales que sois. Y, a lo mejor, alguien se da cuenta de quién tiene razón y quién está siendo correcto en la discusión. Y, con suerte, perderéis lectores. Y, con suerte, terminaréis por encontrar otra afición a vuestra altura (no sé, puzles de diez piezas, por ejemplo) y dejaréis sitio a los que de verdad se toman esto como un trabajo.

 

Y hasta aquí mi respuesta, querida Autora. Eso sí, permíteme ser antes un poco condescendiente y recomendarte que, antes de publicar tu próxima obra, te compres una gramática básica de la lengua hispana y te apuntes a un par de talleres de escritura creativa. Y que aprendas a cerrar la boca, porque una cosa es  tenerla cerrada y parecer... Bueno, imagino que ya sabes cómo sigue la cita.

 

Y porque empiezo a estar harta de ver cómo cada vez más gente dice que no lee o reseña a autores españoles por culpa de gente como tú. Porque no todos somos iguales. Porque hay gente maravillosa en esta profesión que escribe tan bien que te dan ganas de llorar de la pura emoción (y no digo que tenga que ser yo, ojo) que se merece mucho más de lo que tiene gracias a vosotros, aficionados sin posibles.

 

Y si alguien se cabrea conmigo por esto, recordad: la opinión que los demás tengan de mí no es asunto mío de ninguna manera. Así que ahorraos el cabreo. O ahorrádmelo a mí, que podéis salir mal parados.

 

Un saludo, querida autora. Un beso no, porque no me gusta que me toquen.

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

La peor mamarrasha del mundo

March 12, 2019

1/6
Please reload

Recent Posts

January 7, 2019

November 26, 2018

Please reload

Search By Tags
Please reload

Follow Us
  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Google+ Social Icon
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now